EVANGELIO DEL DÍA

domingo, 29 de marzo de 2015

Nueva moda: inmobiliarias contratan "exorcistas" para "limpiar" casas donde hubo crímenes - | diariouno.com.ar

Nueva moda: inmobiliarias contratan "exorcistas" para "limpiar" casas donde hubo crímenes - | diariouno.com.ar

Nueva moda: inmobiliarias contratan "exorcistas" para "limpiar" casas donde hubo crímenes

Los exorcismos de viviendas para alejar a los "malos espíritus", especialmente en las que hubo homicidios durante robos, es un nuevo fenómeno que va en aumento en la Argentina, utilizado por inmobiliarias que buscan dar "garantía espiritual" que eviten futuros reclamos de locadores o nuevos propietarios.

El nuevo fenómeno se conoce en el mundo de las inmobiliarias como "garantía espiritual" y se relaciona a viviendas que antes de ser vendidas o alquiladas son exorcizadas para limpiarlas de malos espíritus o demonios que las habitan.

En muchos casos, se trata de hogares donde ocurrieron homicidios durante robos, con toda la carga de dolor y violencia. La modalidad de "limpiar" las casas surgió como respuesta a reclamos por fenómenos de gritos en la noche, ruidos aterradores, encendido de electrodomésticos y otras situaciones del tipo "poltergeits".

El sacerdote Manuel Acuña, especialista en exorcismos, reveló al Diario Popular que "la llamada garantía espiritual comenzó años atrás en el mercado inmobiliario de los Estados Unidos, y ahora se implementa de manera masiva -aunque reservada- en Argentina, con el objetivo de evitar futuros reclamos de locadores o nuevos propietarios de las casas". "La realidad es que hay muchos problemas con familias que alquilan o compran una vivienda, y al instalarse comienzan a padecer los fenómenos poltergeits. Hablamos de movimiento de muebles, encendido de electrodomésticos, gritos en el medio de la noche o ruidos aterradores", indicó Acuña.

En 2011, en una casa de Ciudadela ocurrió un hecho sangriento, durante una entradera, con un hombre que murió en el comedor de la finca baleado por delincuentes. Meses después, su familia abandonó la casa, en medio del dolor por la pérdida. La vivienda se puso en venta, y una nueva familia la compró.

"Pasaron pocos días y esta familia comenzó a padecer todo tipo de situaciones inesperadas y aterradoras. No sabían qué ocurría. Hasta que averiguaron y se enteraron del episodio violento. Nadie en la inmobiliaria les había comentado lo que había pasado en ese lugar".

"Hicieron un fuerte reclamo a quienes les habían vendido el lugar. Luego de muchas reuniones, se generó la solución de exorcizar la casa. En general, se repite esta misma secuencia. Aunque ahora las inmobiliarias se anticipan y me llaman para limpiar los hogares antes de ser vendidos o alquilados. Así evitan problemas serios, incluso legales", dijo Acuña.

El sacerdote, famoso también por su amistad con el Papa Francisco, explicó que "actualmente la Iglesia Católica no presta atención a las curaciones de casas, algo que se practicaba hace cincuenta años como algo habitual, y la realidad es que se trata de un ritual toledano necesario, que se practica desde el siglo 12 y cuyo nombre es justamente curación de la casa atormentada".

"Lo que hacemos inmediatamente, al tomar contacto con la vivienda infectada, es reprender a todo espíritu de violencia. "A ti te digo, fuera", es como iniciamos el ritual de limpieza. Le ordenamos a los malos espíritus para que la violencia se aparte. Utilizamos agua bendita, sal exorcizada y aceite bendecido. Son claves en toda curación", explicó el sacerdote.

Finalmente, Acuña comentó que "en muchos casos, no hubo en las casas suicidios o crímenes violentos, pero hay registro histórico de prácticas espiritistas o ritos umbandas sangrientos, entonces quedan alojados los espíritus malignos, que causan muchísimos dolores de cabeza".

Fuente: NA



stagduran
Enviado desde mi iPad

Domingo de Ramos: contra la mundanidad, Francisco propone «humillarse, el estilo de Dios» - ReL

Domingo de Ramos: contra la mundanidad, Francisco propone «humillarse, el estilo de Dios» - ReL

Domingo de Ramos: contra la mundanidad, Francisco propone «humillarse, el estilo de Dios»

En una soleada Plaza de San Pedro, adornada para esta ocasión con numerosos olivos y flores, el Papa Francisco presidió la Procesión y la bendición de las Palmas y celebró la Santa Misa del Domingo de Ramos, en coincidencia con la 30ª Jornada Mundial de la Juventud, que este año se celebra a nivel diocesano.

Ante miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países, el Obispo de Roma afirmó en su homilía que en el centro de esta celebración, que se presenta tan festiva, está la palabra escuchada precedentemente en el himno de la Carta a los Filipenses, en que leemos que Jesús "se humilló a sí mismo".

Palabra que – como dijo el Papa Bergoglio – nos desvela el estilo de Dios y del cristiano: la humildad. Un estilo que nunca dejará de sorprendernos y ponernos en crisis: nunca nos acostumbraremos a un Dios humilde.

Tras explicar que humillarse es ante todo el estilo de Dios; porque Dios se humilla para caminar con su pueblo, para soportar sus infidelidades, Francisco destacó que en esta semana, la Semana Santa, que nos conduce a la Pascua, seguiremos este camino de la humillación de Jesús, puesto que sólo así será "santa" también para nosotros.

En efecto, el Pontífice dijo que veremos el desprecio de los jefes del pueblo y sus engaños para acabar con él. Asistiremos a la traición de Judas, uno de los Doce, que lo venderá por treinta monedas. Veremos al Señor apresado y tratado como un malhechor; abandonado por sus discípulos; llevado ante el Sanedrín, condenado a muerte, azotado y ultrajado.

Escucharemos cómo Pedro, la "roca" de los discípulos, lo negará tres veces. Oiremos los gritos de la muchedumbre, pidiendo que Barrabás quede libre y que a él lo crucifiquen. Veremos cómo los soldados se burlarán de él, vestido con un manto color púrpura y coronado de espinas. Y después, a lo largo de la vía dolorosa y a los pies de la cruz, sentiremos los insultos de la gente y de los jefes, que se ríen de su condición de Rey e Hijo de Dios.

Esta es la vía de Dios – dijo el Papa – el camino de la humildad. Es el camino de Jesús, no hay otro. Y no hay humildad sin humillación.

Después de recordar que el Hijo de Dios tomó la "condición de siervo", Francisco afirmó que "la humildad quiere decir servicio, significa dejar espacio a Dios negándose a uno mismo, "despojándose", como dice la Escritura, porque ésta es la humillación más grande.

Además destacó que hay otra vía, contraria al camino de Cristo que es la mundanidad. La mundanidad que nos ofrece el camino de la vanidad, del orgullo y del éxito, que el maligno también se la propuso a Jesús durante cuarenta días en el desierto.

Pero el Señor la rechazó sin dudarlo. Y, con él, nosotros podemos vencer esta tentación, no sólo en las grandes ocasiones, sino también en las circunstancias ordinarias de la vida.

De ahí que el Santo Padre haya puesto de manifiesto la ayuda que nos da el ejemplo de muchos hombres y mujeres que, en silencio y sin hacerse ver, renuncian cada día a sí mismos para servir a los demás como a un familiar enfermo, a un anciano solo o una persona con discapacidad.

Y concluyó pidiendo que también nosotros emprendamos con decisión este camino, movidos por el amor a nuestro Señor y Salvador, quien nos guiará y nos dará fuerza.

Texto de la homilía del Domingo de Ramos del Papa Francisco:
En el centro de esta celebración, que se presenta tan festiva, está la palabra que hemos escuchado en el himno de la Carta a los Filipenses: "Se humilló a sí mismo" (2, 8). La humillación de Jesús.

Esta palabra nos desvela el estilo de Dios y del cristiano: la humildad. Un estilo que nunca dejará de sorprendernos y ponernos en crisis: nunca nos acostumbraremos a un Dios humilde.

Humillarse es ante todo el estilo de Dios: Dios se humilla para caminar con su pueblo, para soportar sus infidelidades. Esto se aprecia bien leyendo el Libro del Éxodo: ¡Qué humillación para el Señor oír todas aquellas murmuraciones, aquellas quejas! Estaban dirigidas contra Moisés, pero, en el fondo, iban contra él, contra su Padre, que los había sacado de la esclavitud y los guiaba en el camino por el desierto hasta la tierra de la libertad.

En esta semana, la Semana Santa, que nos conduce a la Pascua, seguiremos este camino de la humillación de Jesús. Y sólo así será "santa" también para nosotros.
Veremos el desprecio de los jefes del pueblo y sus engaños para acabar con él. Asistiremos a la traición de Judas, uno de los Doce, que lo venderá por treinta monedas. Veremos al Señor apresado y tratado como un malhechor; abandonado por sus discípulos; llevado ante el Sanedrín, condenado a muerte, azotado y ultrajado.

Escucharemos cómo Pedro, la "roca" de los discípulos, lo negará tres veces. Oiremos los gritos de la muchedumbre, soliviantada por los jefes, pidiendo que Barrabás quede libre y que a él lo crucifiquen. Veremos cómo los soldados se burlarán de él, vestido con un manto color púrpura y coronado de espinas. Y después, a lo largo de la vía dolorosa y a los pies de la cruz, sentiremos los insultos de la gente y de los jefes, que se ríen de su condición de Rey e Hijo de Dios.
Esta es la vía de Dios, el camino de la humildad. Es el camino de Jesús, no hay otro. Y no hay humildad sin humillación.

Al recorrer hasta el final este camino, el Hijo de Dios tomó la "condición de siervo" (Flp 2, 7). En efecto, "la humildad quiere decir servicio, significa dejar espacio a Dios negándose a uno mismo, "despojándose", como dice la Escritura (v. 7). Esta es la humillación más grande.

Hay otra vía, contraria al camino de Cristo: la mundanidad. La mundanidad nos ofrece el camino de la vanidad, del orgullo, del éxito... Es la otra vía. El maligno se la propuso también a Jesús durante cuarenta días en el desierto. Pero Jesús la rechazó sin dudarlo. Y, con él, también nosotros podemos vencer esta tentación, no sólo en las grandes ocasiones, sino también en las circunstancias ordinarias de la vida.

En esto, nos ayuda y nos conforta el ejemplo de muchos hombres y mujeres que, en silencio y sin hacerse ver, renuncian cada día a sí mismos para servir a los demás: un familiar enfermo, un anciano solo, una persona con discapacidad...

Pensemos también en la humillación de los que, por mantenerse fieles al Evangelio, son discriminados y sufren las consecuencias en su propia carne. Y pensemos en nuestros hermanos y hermanas perseguidos por ser cristianos, los mártires de hoy: no reniegan de Jesús y soportan con dignidad insultos y ultrajes. Lo siguen por su camino. Podemos hablar de "una nube de testigos" (cf. Hb 12, 1).

Como ellos, emprendamos también nosotros con decisión este camino, movidos por el amor a nuestro Señor y Salvador. El amor nos guiará y nos dará fuerza. Y, donde está él, estaremos también nosotros (cf. Jn 12, 26). Amén.


stagduran
Enviado desde mi iPad